Foto: LA NACION / Martín Lucesole
 

Tuve el priviliegio de nacer en una casa donde se le daba mucha bolilla a las ideas, a la formación, al pensamiento y también donde me dieron la libertad de ir eligiendo mi propio camino”, reflexiona Emiliano Kargieman, fundador y CEO de Satellogic, la empresa argentina que desarrolla nanosatélites. Hijo de psicoanalistas y con una única hermana, que además es su melliza, recuerda que eligió un colegio secundario que le permitiera pasar todas las noches con su computadora. A esa edad ya tenía claro lo que quería para su vida.

Con un pasado de hacker del que no reniega, recuerda que desde chico desarmaba e intentaba volver a armar todo lo que se cruzara por sus manos. “Siempre fui supercurioso sobre cómo funcionan las cosas, y la manera de aprender no cambió demasiado durante mi vida. Cuando era chico me dabas un grabador, lo desarmaba para ver cómo estaba hecho y no sabía cómo armarlo de nuevo. Seguí haciendo lo mismo toda mi vida, con otras cosas. La gente a veces se pone en un lugar muy pasivo respecto de la tecnología”, dice al tiempo que la desacraliza sin temores.

“Mi objetivo es lograr democratizar el acceso a la información que pueden generar estos satélites desde el espacio. Que la información sea tan accesible que uno pueda usarla diariamente para decidir sobre los grandes problemas respecto de cómo generamos y producimos alimento y energía para miles de millones de personas, pero también para tomar decisiones mucho más triviales como a qué playa voy de acuerdo a cómo están las olas o dónde hay un lugar libre para estacionar”, detalla Kargieman.

Hace unos cuatro años, en una experiencia dentro de un centro de investigación de la NASA en California, Estados Unidos, se encontró con que la tecnología que imaginaba de punta estaba atrasada. Las últimas innovaciones se habían realizado con la televisión satelital, treinta años atrás.

 
Kargieman fue galardonado como emprendedor del año 2014 por Endeavor. Foto: LA NACION 

Procedente de la tecnología informática, le pareció superchocante que la tecnología fuera tan vieja en el mercado de servicios satelitales, que era un mercado de 150.000 millones de dólares al año. Hoy en su empresa construyen satélites “mil veces más baratos que los tradicionales” porque usan componentes que fueron diseñados para hacer otra cosa, desde los microprocesadores hasta los protocolos. Las cintas métricas que se venden en cualquier ferretería se convierten en perfectas antenas para habitar el espacio, sólo hay que cortarlas a la medida correcta.

“Nosotros aprendimos a construir confiabilidad de una manera distinta. Es mucho más económica, pero sobre todo es una estrategia distinta. No construimos piezas monolíticas y esperamos que funcionen durante quince años sin romperse”, explica. Construyen redes distribuidas de componentes muy baratos donde cada uno se puede romper, pero si una porción considerable se rompe, el sistema en su conjunto sigue siendo confiable. “Esta idea de construir un sistema distribuido que pueda generar confiabilidad como una característica emergente del sistema que para nosotros es superobvia, en el espacio no se estaba aplicando.”

Pasó por la facultad para cursar la carrera de matemática, porque informática le parecía muy nueva. También se sentó en las clases de filosofía durante tres años. No conoce su coeficiente intelectual y poco le interesa. Ya bastante difícil es definir la inteligencia, y mucho más medirla fehacientemente, piensa.

Casado hace siete años con Pola, “una escritora increíble”, piensa lo que tiene que hacer mañana. “Miro para atrás y no me imaginaba que íbamos a tener tres satélites en el espacio y que íbamos a estar construyendo más para lanzar este año. Es una locura, está buenísimo, pero no paso demasiado tiempo pensando de esa manera. Tengo muchos problemas con lo que tengo que hacer mañana como para estar demasiado preocupado en eso”, concluye.

Los dieciséis satélites que preparan son muy parecidos a Tita, el tercer nanosatélite argentino, lanzado con éxito al espacio en junio de 2014. “El objetivo es poner una constelación de estos satélites para poder tomar imágenes y video desde cualquier lugar de la Tierra con una frecuencia temporal mucho más rápida que cualquier cosa que existe hoy en el mundo y como son satélites más económicos que los tradicionales, además vamos a poder distribuir la información a un costo muchísimo menor y eso va a empezar a realizar esta idea de democratizar el acceso a esta información.”

Después, la idea es armar una constelación de trescientos de estos satélites en órbita en los próximos años que permita tomar imágenes y video en cualquier lugar del mundo en tiempo real, poder ver lo que está pasando prácticamente en cualquier momento. “Siempre me interesó pensar cuál es todo el potencial de algo que tengo en la mano. Me parece que sigo haciendo lo mismo. Buscar modos de usar la tecnología de otra manera, para cosas que no son aquellas para las que estuvo diseñada originalmente.”

 

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James