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Cada vez que alguien me pregunta: ¿Debería emprender? Mi respuesta es indudablemente , pero más de una vez me he visto en situaciones donde me pregunto ¿por qué se me ocurrió empezar mi propia empresa? Emprender y dedicarle tu vida a tu startup es una de las actividades más difíciles a las que una persona se puede someter. Pero sin duda de las más gratificantes.

2014 fue el noveno año en el cual me he enfocado por completo a mi primera y única startup, Hipertextual. Fue un año súmamente intenso, de muchos aprendizajes, de grandes cambios y sobre todo de grandes decisiones. Estas son diez cosas que aprendí como emprendedor:

  1. No hay valor en el cinismo: “No hay nada más lamentable que un joven cínico porque pasó de saber nada a creer en nada” —Maya Angelou. A veces parece que el cinismo está de moda, que se contagia más rápido que nunca y el comportamiento es hasta celebrado. Parece que todos somos superiores al resto, pasamos una frontera hacia la soberbia y nos metemos en un mundo de fantasía en el que creemos que tenemos la razón en todo sin importar qué. No hay valor, ningún valor en eso. Es como un cáncer y una enfermedad que hace muchísimo daño y que no ofrece absolutamente ningún beneficio.
  2. Contrata lento, despide rápido: No, en serio, contrata lento y despide rápido. El proceso de contratación es de los más difíciles a nivel empresarial y conseguir gente talentosa que encaje en tu equipo puede ser extremadamente frustrante. Es tal vez por eso que cuando alguien no funciona, buscas darle más oportunidades o tiempo para que pueda aprovechar su potencial y darle valor a la empresa. Pero la realidad es que tu startup tiene que funcionar como un reloj suizo y si una de sus partes no cumple su trabajo puede ser catastrófico. Siempre será mejor despedir rápido, aunque cueste, aunque duela.
  3. Los fundadores tienen una visión única de la empresa, imposible de compartir con otros: inclusive socios que entraron después. Deja de intentar que las personas que trabajan contigo vean a tu startup de la misma forma que tu. Eso nunca sucederá. Son dos puntos de vista diferentes, uno no es mejor del otro, son simplemente distintos y necesarios.
  4. Prácticamente nadie estará dispuesto a arriesgar y salir de la zona de confort, y es tu trabajo como emprendedor ser el motor que empuja a los demás a salir de ahí.
  5. Una vez fuera de la zona de confort, busca situaciones propensas al fallo: si no estás cometiendo errores no estás arriesgando. Si no estás arriesgando no estás aprendiendo. Si no estás aprendiendo no estás creciendo. Si no estás creciendo no estás en el camino correcto hacia el éxito tanto personal como el de tu empresa. Comete errores, cágala, discúlpate pero no te detengas. Sal de la zona de confort, es la mejor forma de ejercitar tus talentos.
  6. Todo el mundo es el número 1, pero en realidad nadie lo es: Estoy metido en un mundo donde todos dicen ser los primeros, los mejores, los líderes. En la industria de contenidos digitales hay una verdadera enfermedad creada por directivos con el ego inflado que tienen la necesidad de sentirse superior a los demás que deriva en autofelacionespúblicas mensuales donde dicen ser mejor que la competencia porque tienen más visitas o más páginas vistas. This is bullshitYo mismo he caído en el juego. Lo he dicho durante mucho tiempo pero 2014 ha sido el año en que definitivamente lo he terminado de entender: las visitas importan, sí, pero tener más que la competencia no te hace mejor. Al lector le importa muy poco si estás en primero, segundo, cuarto, décimo o vigésimo puesto en la tabla de ComScore, al lector le importa que tu producto sea de calidad. Todo lo demás es paja. Si eres emprendedor es posible que estés metido en ecosistemas donde suceden cosas similares, no caigas en el juego. Como consumidor de información he empezado a desconfiar de medios de comunicación que presumen sus números, tal vez tu deberías de desconfiar también.
  7. Aprender a no escuchar: Así como es extremadamente importante saber escuchar a tu equipo o a tus consejeros, es sumamente importante saber cuándo ignorar todo consejo, pensamientos, opiniones y punto de vista de los demás y simplemente seguir tu instinto. No solo es necesario, es lo que tu equipo espera de ti como fundador o director o CEO de tu empresa.
  8. Disfruta de lo que tienes: la naturaleza de los emprendedores es siempre buscar más, querer más, ser ambiciosos, querer crecer más, querer afectar a más personas con su creación. En el camino nos olvidamos de lo que ya tenemos, de lo que ya hemos construido. Puede ser grande, pequeño, inmenso, descomunal. Puede ser cualquier cosa pero, al menos a mi, me resulta súmamente complicado disfrutar de lo que tengo ahora. Es una de los peores defectos que tengo y si te sientes identifcado con este punto, por sanidad mental, trabaja mucho por cambiarlo.
  9. No dejes de viajar: Hacer algo desde cero puede dejarte exhausto. En 2014 dejé de viajar y me di cuenta del inmenso error que cometí. Sal de tu ciudad, súbete a un avión o ve a la carretera, tal vez sin destino, conoce nuevas ciudades, nuevos países, nuevas personas y nuevas sociedades. Tus puntos de vista cambiarán por completo. Te darás cuenta que muchos de tus problemas son absolutamente irrelevantes, te contagiarás de energía entre personas que no conoces y la experiencia te hará recordar nuevamente por qué decidiste tomar un camino tan difícil para tu vida como es el de ser emprendedor.
  10. Cuando todo va mal, muy mal, tus principios son todo lo que tienes: apégate a ellos, ejercítalos, escríbelos y compártelos si hace falta. Cuando las cosas se ponen negras, súper jodidas, cuando no ves la luz al final del túnel, regresa a ellos, vuelve a leerlos y toma decisiones.

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James